Como cada año, queremos comunicaros el objetivo que dará unidad a nuestra tarea educativa en el curso 2026-27. Siguiendo los valores destacados en nuestra Propuesta Educativa, y que vamos trabajando de forma periódica, nos corresponde ahora profundizar en el valor de la fraternidad.
Como miembros de una comunidad educativa que vive la espiritualidad franciscana y el carisma de María Ana, tenemos el compromiso de ayudar a nuestros alumnos y alumnas a vivir la fraternidad franciscana como una experiencia central. Nace una convicción sencilla, pero muy profunda; nadie construye comunidad solo.
Cada persona que forma parte de nuestros colegios suma vida, historia, talentos, preguntas, fragilidades, fe, alegría y esperanza. Cada uno de nosotros aporta un matiz único que hace que el conjunto sea mejor. No somos más porque hagamos más cosas, ni porque llenemos el curso de actividades, sino porque cuando nos reconocemos hermanos, cuando cuidamos los vínculos y cuando caminamos juntos, la comunidad se hace más grande por dentro.
Para ello, concretamos nuestro objetivo como sigue:
Cuando caminamos juntos, nuestra vida se ensancha y nuestra comunidad se fortalece
La primera palabra que aparece es “Contigo”. Está escrita con una tipografíamanuscrita, cálida y cercana, como si estuviera dirigida personalmente a cada uno. No dice simplemente “con todos” o “con alguien”, sino contigo: con tu manera de ser, con tu presencia concreta, con lo que aportas y también con lo que necesitas. Es una palabra que interpela. Nos recuerda que en una comunidad educativa nadie es anónimo.
Cada alumno, cada familia, cada profesor, cada persona de administración y servicios, cada equipo directivo, cada comunidad religiosa, tiene un lugar y tiene algo que aportar.
Dentro de la palabra «Contigo» hay un elemento especialmente significativo: la T se convierte en una tau franciscana. La tau es un signo muy unido a San Francisco de Asís y a la espiritualidad franciscana. Nos habla de sencillez, de minoridad, de Evangelio vivido desde lo cotidiano, de entrega y de fraternidad. Colocar la tau dentro del lema no es un simple detalle estético: es recordar que nuestra manera de vivir el “contigo” tiene una raíz franciscana. Queremos mirar al otro como hermano, acogerlo con respeto, cuidar la vida sencilla y descubrir a Dios en las personas, en la creación y en la historia de cada día.
Junto a la tau aparece un pequeño corazón, que refuerza el sentido del lema. La fraternidad no se construye solo desde la organización, la planificación o las buenas ideas. Se construye desde el amor concreto: desde el cuidado, la paciencia, la escucha, el perdón, la ternura y la disponibilidad. Ese corazón nos recuerda que solo sumamos de verdad cuando ponemos corazón en lo que hacemos.
Debajo aparece la palabra “SOMOS”, en mayúsculas y con mucha fuerza visual. Si “Contigo” es la llamada personal, “SOMOS” es la respuesta comunitaria. No somos una suma de individuos aislados, sino una familia educativa. Somos colegio, somos Fundación, somos misión compartida, somos carisma recibido y actualizado hoy. La palabra “SOMOS” expresa identidad, pertenencia y compromiso. Nos recuerda que educar no es una tarea individual, sino una misión que compartimos entre todos.
Dentro de esa palabra aparece también el signo de nuestra identidad, haciendo visible que esta fraternidad no se vive de cualquier manera, sino desde una historia concreta: la de la Fundación Educativa Franciscanas Ana Mogas. El lema no queda en una frase bonita; está unido a un modo de educar, a una tradición, a una espiritualidad y a una misión que seguimos construyendo juntos.
El gran elemento visual del cartel es el signo “+”. Este signo no aparece como una forma fría o matemática, sino como un gran trazo lleno de color, vida y movimiento. Está formado por cuatro brochazos que se encuentran en el centro. Los brochazos tienen textura, no son perfectos ni rígidos. Esto también tiene sentido: la fraternidad no es algo terminado, uniforme o cerrado. Es una realidad viva, que se va construyendo con personas distintas, con procesos diferentes, con encuentros, con dificultades y con gestos cotidianos.
Cada brazo del signo “+” recoge una dimensión importante de la vida de nuestros colegios:
En el centro del signo “+” aparece uno de los elementos más importantes del cartel: una cruz blanca cristiana. No está dibujada encima, ni añadida como un elemento externo. La cruz aparece en el espacio que queda cuando los colores se encuentran. Esto es muy significativo. Nos recuerda que Cristo está en el centro de nuestra comunidad, no como algo impuesto desde fuera, sino como el sentido profundo que une todo lo que vivimos. En el encuentro entre la acogida, el cuidado de la creación, la oración y el aprendizaje compartido, aparece la cruz.
En el centro de todo lo que hacemos está Jesús, que nos enseña a vivir como hermanos.
Esa cruz blanca también nos habla de luz, de espacio y de sentido. Es el lugar donde todos los colores se ordenan. Es el punto de encuentro. Nos recuerda que la diversidad no nos dispersa cuando hay un centro que nos une. Cada color aporta algo distinto, cada escena expresa una dimensión diferente, pero todas se encuentran en la misma misión.
El fondo blanco está salpicado por pequeñas cruces de colores. Son un recordatorio de que la fraternidad se construye en los pequeños
gestos cotidianos: una palabra amable, una ayuda, un compromiso diario. Cada detalle suma.
Este cartel nos invita a vivir el curso desde la fraternidad, donde todos tenemos un lugar y todos somos necesarios. Por eso las figuras no aparecen aisladas, sino reunidas, mirándose, compartiendo algo. El cartel no muestra únicamente actividades escolares; muestra vínculos. Cuando acogemos, ayudamos y cuidamos, crecemos. Como bien dice el lema: el + no solo es un símbolo matemático. Es una llamada a vivir la fraternidad en lo concreto. Con los alumnos, con las familias, entre compañeros, en los equipos, en las aulas, en los patios, en la oración, en la naturaleza y en la misión educativa que compartimos.
Porque cuando estamos unidos, somos más. Más familia. Más cuidado. Más escucha. Más Evangelio. Más fraternidad. Más esperanza.
Contigo, conmigo, con cada uno de nosotros: SOMOS MÁS.